Mirame. Te desafío a que mires más allá de mis ojos. ¿Qué es lo que podes ver? ¿Encontraste algo? ¿No sentís cómo estoy a punto de darme por vencida? Yo sé que podes percibir más que eso, vamos, animate a ver lo destruida que estoy por dentro. Escuchá cómo se quiebra y doblega mi voz, cómo se convierte en un susurro cada vez que intento hablar y sonar convincente. Pero sé también… sé que mi sonrisa y mis risas perdidas te confunden. ¿Creías que podría sola? ¿Por cuánto tiempo más? Sé que tengo pulso y respiro, pero no creas que por eso estoy viva. No, no digas que esto ya lo sabías, que notaste que cambié, que ya no soy la misma de antes, porque nada haces para cambiarme. Nadie lo hace, ni siquiera la persona que más solía preocuparse por mí. Y ahora que estoy inmersa en esta pesadilla que otros llaman vida, intento sobrevivir con lo poco que me queda. No sé por qué te fijas en mis brazos, si lo que más herido está es mi corazón.
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martes, 16 de octubre de 2012
sábado, 9 de julio de 2011
+ Heaven's gates won't open up for me.
Tal vez porque las palabras me expresan, porque las palabras son el espejo de mis sentimientos, porque puedo hacer con ellas un ramo a veces perfumado de nostalgia, otras, con la fragancia de la dicha, o con el olor lejano pero siempre punzante, vivo, de la infancia, son las palabras que me dicen , la mano tibia que acaricia mi mejilla o el látigo que despelleja la piel de mi cuerpo.
Necesito que me hablen.
Necesito que me escuchen.
Necesito que me lo digan todo: que me digan que piensan de mí, que me extrañan, que me necesitan, que me entienden, que me aman.
El silencio es como aquellas duras penitencias que me imponían en la niñez.
El silencio me hace tener miedo, me acorrala, me deja acurrucada en el rincón sola y desamparada.
El silencio me marchita.
Son los afilados cuchillos del silencio los que cortan las ramas de mi árbol, los que siegan los brotecitos nuevos de mi esperanza. El silencio es una mamá que nunca más se levantó de noche para tocar mi frente enfebrecida, para alcanzarme un vaso de agua, para abrazarme y hacer que vuelva a dormirme y sueñe con los angelitos.
El silencio es una despedida de alguien a quien jamás volveremos a ver.Es café para uno en una confitería llena de gente que no conocemos ni nos conoce y a la que nada le importa de nosotros.Es una pregunta que no obtiene respuesta.Es una carta cuyo destinatario no lee. Es la obscuridad bajando del techo del dormitorio y haciéndose un nido profundo en nuestro pecho.
Yo creía que después de haber vivido tantos sufrimientos y pérdidas, de haber pasado tantas difíciles pruebas, se me había formado un caparazón, que nada ya podría herirme dolorosamente, que las múltiples heridas habían fabricado una costra impenetrable en mi alma. Pero estaba equivocada. No existe vacuna que nos haga menos vulnerables. Ni una armadura que nos defienda del ataque implacable del silencio ni del quemante ácido de una palabra cruel.
Estamos expuestos permanentemente. Por fuerte que parezcamos. Por luchadores que seamos. Por bravos que seamos. Lo que un huracán no pudo destruir en nosotros, lo que un terremoto no pudo derrumbar en nuestro ser, lo que puede destruir y derrumbar una simple, pequeña y aparentemente inofensiva palabra.
Y la costra se desprende para que la herida vuelva a sangrar.
Y queda demostrado una vez más, que estamos en carne viva, que no importa el poder, ni el tiempo , ni la apariencia, que nada importa más que la universal necesidad de amor.
Todo lo que hacemos es para que nos acepten y nos amen.
Y no pedimos mucho: no pedimos sacrificios y demostraciones sensacionalistas, no pedimos bienes materiales ni luces enceguedoras. No pedimos que nos bajen del cielo una estrella incandescente.
Pedimos solamente unas palabras, que nos las digan con la voz tibia y clara, unas palabras de cariño… Esas que harán crecer un jardín en este corazón que las espera. Y pondrán ritmo en estos pasos. Y música en el cauce de la sangre. Esas palabras que nos harán seguir adelante, que nos darán las fuerzas para soportar todo lo obscuro o lo triste que pueda venir después.
Porque esas palabras de amor son nuestra única resurrección.
domingo, 12 de junio de 2011
+ La soledad nunca es buena consejera.
Estamos hechos para no vivir solos : desde que nacemos necesitamos nuestra familia .Después, precisamos de la escuela y esos amigos que día a día se convierten en parte de la vida de uno. Quien se siente solo, se siente anímicamente peor de quien elige estar solo, y éste ultimo demuestra así una mayor fuerza interior.
Al sentimiento de soledad, la psicología siempre lo consideró como un posible síntoma de depresión, y si nos ponemos a pensar ¿No es un poco cierto esto? .Claro que , no toda persona que se sienta sola está necesariamente deprimida.
Por otra parte, estudios realizados comprobaron que tener buenas relaciones personales resulta importante para llevar una vida saludable. Por el contrario, el hecho de aislarse genera trastornos psicológicos, entre ellos mala salud física y persistentes estados de ansiedad.
Y es así. Muchas veces sentimos que estamos solos en el mundo, o creemos que la mejor manera de solucionar problemas es aislándonos de todos por un tiempo, encerrarnos en nuestra habitación y creer que solos vamos a poder. Pero la realidad es que SIEMPRE un amigo te va a sacar una sonrisa cuando te vea mal, y te va a escuchar, intentar entender y hasta incluso aconsejar. Hace un tiempo había tenido un día horrible... pero ¿saben qué? cuando lo hablé con quienes más quiero en esta vida, me sentí mejor de lo que podría haberme sentido si me acostaba en la cama .
Lo mejor es no auto-engañarse. Y recordar que, tarde o temprano,
la soledad y el aislamiento enferman.
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